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jueves, 14 de mayo de 2015

Nanomateriales en Alimentación y Consumo: Con cuidado

Cuidado con lo que comemos
Hace unas semanas salía publicada la noticia de que la conocida empresa americana Dunkin´ Donuts había decidido suprimir el dióxido de titanio como colorante de sus famosos donuts glaseados. Lo que hace el TiO2 es reforzar y resaltar la blancura del azúcar, sin, en teoría, añadirle ni quitarle nada al sabor del donut. Lo que pasa es que, así como el dióxido de titanio "normal" lleva años usándose como blanqueante en multitud de artículos de consumo (inicialmente en pinturas, después también en cosméticos), la versión actual que se está utilizando, sobre todo en alimentación y productos de uso personal, encaja en la categoría de nanomateriales, territorio hoy por hoy bastante inexplorado.
 
Hasta el punto que la poderosa Food and Drug Administration americana no acaba de manifestarse sobre si debe regular y/o llegar a prohibir el uso de estos materiales en productos de consumo. Ya puede darse prisa, porque se estima que actualmente están presentes en más de 10.000 artículos disponibles en los supermercados, desde chicles, golosinas, helados, pasando por dentífricos, cremas protectoras para bebés y lociones solares hasta las más sofisticadas cremas anti-arrugas ó bases de maquillaje.
 

viernes, 17 de abril de 2015

Un mercado de $70.000 millones muy goloso. Y con un posible ganador.

La atracción de lo dulce
Es muy curiosa la historia del azúcar. Se estima que la caña de azúcar fue "domesticada"  y utilizada por primera vez como alimento hace unos 3.000 años por el sudeste de Asia, en Nueva Guinea concretamente. De allí pasó a la India, a China, a Persia y, por medio de la expansión árabe de los siglos V-VII, llegó al norte de África y al Sur de España. O sea, que ni las civilizaciones de Egipto, Israel, Grecia ni Roma clásicas conocieron el "oro blanco" (la miel era el endulzante utilizado normalmente).
 
Fue Cristóbal Colón en uno de sus viajes el que llevó unas plantas de caña de azúcar al Caribe y, gracias a las favorables condiciones climatológicas de aquella zona (junto con Brasil y el Sur de Norteamérica), lo que propició la gran expansión del cultivo y su popularización en las mesas de todo el mundo (aunque debido a los altos impuestos con los que era gravado, sólo a finales del siglo XIX dejó de ser un artículo de lujo).