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| Maestro y discípulo |
Porque todos los Estados reconocen el papel vital de la Educación en su posición competitiva futura, y a ella destinan un presupuesto "razonable" (unos más y otros menos, es cierto; en España en 2013 fue un 4,3% del PIB, cuando en 2009 llegó al 5,1%, la diferencia son 8.000 millones de €). Lo que hay que preguntarse es si, con ese mismo dinero, no habría forma de obtener unos resultados mucho mejores. ¿Y cómo medimos la "bondad" de esos resultados? Pues, a bote pronto, hay dos indicadores claros y fáciles de medir: 1) el % de alumnos que terminan la fase "obligatoria" de los estudios y 2) el % de paro juvenil - 16 a 25 años . Habría un tercero, más subjetivo, pero que no nos resultaría extraño en cualquier otro sistema, y sería conocer el grado de satisfacción de los "usuarios" con el mismo.








