La semana pasada tuve la fortuna de asistir a una charla de Kevin Warwick en la Fundación Telefónica. Un poco por suerte, porque no le conocía, pero el título de su conferencia "¿El futuro será Cyborg? La fusión hombre-máquina" era lo suficientemente atractivo como para despertar mi curiosidad. El Dr. Warwick (Coventry, 1954) es Profesor de Cibernética en la Universidad de Reading, Inglaterra. Y uno de los "evangelistas" de la imparable utilización de las tecnologías para mejorar las capacidades humanas.
Pero Kevin, como en el conocido símil del cerdo y la gallina, es de lo que se involucran. Prestando su propio cuerpo como "conejillo de indias" para algunos experimentos. Por ejemplo, en 1998, mediante una intervención quirúrgica, se hizo implantar un chip de silicio con un transponder en su antebrazo. De esta forma, un ordenador podía controlar las señales emitidas por el chip y en todo momento localizarle dentro de las instalaciones de la Universidad. Así se abrían las puertas a su paso, se encendían las luces y el aire acondicionado cuando entraba en una habitación vacía, o su terminal de ordenador le recibía con un cálido "Bienvenido Profesor Warwick" simplemente al aproximarse, todo ello sin necesidad de identificarse mediante las siempre tediosas tarjetas de acceso o contraseñas.
